domingo, 11 de diciembre de 2016

Poemas atlánticos. Ángela de la Cruz



“Escombros es una exposición dedicada a la basura flotante que lleva el mar. El título hace referencia a esa masa de desperdicios en movimiento y a la vez, a aquello que el mar devuelve a la orilla”. Así describe Ángela de la Cruz (Coruña, 1965) el modo en que sus obras representan, de manera figurada, lo vomitado por el mar. La muestra cuenta con una selección de dieciséis obras creadas a partir de 2009, año en el que la artista se reincorpora al trabajo después de una larga estancia en el hospital. La Fundación Luis Seoane se da un aire a la playa en invierno, con obras apoyadas en el suelo o en la pared, como si la marea las hubiera arrastrado hasta la orilla.

Las fuentes de inspiración de Ángela de la Cruz (desastres naturales, guerras, etc.) y la morfología de sus piezas (minimalista, monocroma, etc.) hacen que sus obras concuerden con los parámetros básicos del haiku. El haiku es un tipo de poesía japonesa que siempre cumple unas características: son tres versos breves y concisos sobre un acontecimiento que llama la atención del poeta. Estos versos hablan de la naturaleza, la realidad sensorial, el clima, la temperatura o simplemente un color. La contemplación y el silencio se encuentran en la raíz del haiku y a modo de comparativa, en las obras de Ángela de la Cruz. En el caso de la artista gallega, los tres versos se solapan para formar cada obra. A través del título, el material y el gesto, Ángela de la Cruz se expresa a sí misma, se autorretrata.

Los títulos suelen aludir a una temperatura, a una sensación: Battered (Golpeado), Bloated (Hinchado), Burst (A punto de estallar), Dirty (Sucio), Flood (Encharcado), Stuck (Atascado), Wet (Húmedo). Los materiales a una expresión plástica: aluminio pintado de blanco o marrón, bastidores quebrados, lienzos enrollados o colgados como abrigos en la pared. Los gestos son contenidos: golpe, erosión, pintado, rascado, abandonado, reciclado. Véase como ejemplo de haiku atlántico la obra Debris (Escombros, 2012), un lienzo negro que se ha tragado un banco de madera del estudio londinense de Ángela de la Cruz.

Transfer (White, 2011) es una pieza que formó parte de su primera individual después del derrame que sufrió y habla de la transición de su vida pasada a la situación actual, dependiente y en silla de ruedas. Transfer funciona como metáfora vital para su autora y difumina las distancias entre su cuerpo y sus obras. Consiste en una caja de aluminio pintada de blanco que tiene las medidas de la artista; por uno de sus extremos está apoyada en una silla de plástico y por el otro en un sofá minimalista; el alargado cajón blanco se encuentra sostenido y varado como la propia artista en una silla. Las obras de Ángela de la Cruz, autobiográficas, narrativas, calladas, equivalen a haikus en tres dimensiones (ABC Cultural)

Jet lag laboral. Juan Luis Moraza



Una cuerda con las hebras desenroscadas dibujando curvas en el suelo. A mano derecha Calendario de fiestas laborales, trescientas sesenta y seis hojas de calendario, todas ellas del 1 de Mayo de 2016, con sus correspondientes citas que aluden a la idea sobre la que gira la muestra: “Lleva mucho trabajo conseguir no trabajar”, “La libertad os transformará en trabajadores”, “Si solo se trabaja por el sueldo, solo se vive por una tumba.” Siguiente sala: grandes brocas de mármol, pizarras garabateadas con tiza y cuadros blancos pintados a carboncillo; mangos de herramientas carbonizados, un vídeo de dos tornillos. Una instalación multicolor de reglas deformadas y apoyadas sobre azulejos de espejo y al final, una discoteca gris con cintas de obra, amarillas y negras, y el sonido de una sala de turbinas. Agotador.

Siete salas y siete reflexiones visuales que se muerden la cola. Trabajo Absoluto es la última exposición de Juan Luis Moraza (Vitoria, 1960), compuesta por obras anteriores y otras recién nacidas. La exposición gira alrededor de la idea de trabajo perpetuo; el ocio como una obligación no remunerada, la fiesta como deber, la inocencia de quienes creen que existe el tiempo libre. Si al día siguiente recordamos la exposición, notaremos las agujetas.

La visita se convierte en tiempo laboral no contemplado como tal, hay que leer, pensar, mirar al techo y volver a observar de cerca y de lejos, y pensar si merece la pena pensar y si entre los propósitos del artista se encontraba el hacernos trabajar a nosotros, inocentes con tiempo libre que visitamos su exposición en horario no laboral. Lo que recordamos son imágenes aisladas, cada una con su título -acotando el territorio- e ideas como ramas de las que crecen más ramas, que luego hacen sombra. Lo cierto es que el visionado del conjunto de obras constituye una jornada de trabajo y estudio que nos pilla desprevenidos.

Trabajo absoluto es obra de un cartógrafo; si algo persiste en la trayectoria de Juan Luis Moraza desde sus comienzos ha sido el mapa, la interpretación de las líneas y las curvas y su proyección tridimensional. De un lado, las alfombras de objetos que parecen maquetas de un proyecto mayor, y por otro lado, las grandes reproducciones simbólicas de objetos pequeños. Entre ambos polos, un discurso sibilino, circular, difícil de definir a grandes rasgos como lo hemos hecho recordando el paseo por la exposición; a veces, con la impresión de que la obra plástica ilustra su cuaderno de notas y reflexiones. Una piedra, ¿trabaja? Post-visita a la exposición, mi trabajo personal ha sido acordarme, por fin, de un poema de Leonard Cohen: “Una persona que come carne quiere hincar sus dientes en algo. Una persona que no come carne quiere hincar sus dientes en otra cosa. Si por un momento te interesan estos pensamientos, estás perdido” (ABC Cultural)

Palabra de sílice. Eva Lootz



Fuego, aire, agua y arena de sílice. Incombustible, la artista vienesa Eva Lootz, residente en Madrid desde hace casi cuarenta años, dibuja en el CGAC su perfil más completo. Una selección de obras desde 1970 hasta hoy en día dan buena cuenta de la integridad conceptual, la perseverancia y la búsqueda constante de nuevos lenguajes para su identidad plástica. 

La vista aérea de la trayectoria de Eva Lootz empieza en los años setenta con las superficies bidimensionales construidas a partir de materiales naturales, esparto, cera, algodón. Ya entonces, la creadora se dejaba influenciar por corrientes artísticas como la abstracción americana, la pintura de superficie, la manera de estar y no decir nada más que lo que se presenta ante nuestros ojos. La más reciente de las obras que se ubica al final de la exposición lleva por título Wolframio; en un largo pasillo aparecen escritas preguntas, referentes al enigma no resuelto sobre la cantidad de este metal que viajó en la segunda guerra mundial desde Galicia a Alemania con fines destructivos, o el desconocido número de presos políticos que participaron en su extracción. Compartiendo el muro, decenas de bolígrafos de propaganda bancaria se encuentran colgados y listos para firmar, dibujando así el nombre del codiciado metal.

Eva Lootz se formó en Viena en distintas materias, cine, filosofía, pintura y podemos decir que no ha parado de estudiar y aprovechar las herramientas del tiempo como una esponja. En la planta baja del museo atravesamos una pasarela ligeramente elevada que conduce a los visitantes por una carretera que deja a ambos lados una escena de campos de polvo blanco con barcas recubiertas de parafina sobresaliendo de la pared: la instalación A Farewell to Issac Newton (1994). Un paisaje dentro de un paisaje, un prado de marmolina reflectante dentro de una sala doblemente estática y anestesiada.

El camino que atravesamos nos llevará a una espacio con esculturas de mármol creadas entre 2009 y 2013 -Serie Guadalquivir-, que provienen de la digitalización del cauce del río durante un período determinado y la posterior traducción de los datos a obras tridimensionales. El resultado emite vibraciones sin necesidad de leer la cartela ni de conocer el laborioso proceso que ha dado tal forma extraña al mármol. 

Los cuatro elementos, fuego, aire, tierra, agua, aparecen representados de diversas maneras a lo largo de la trayectoria de Eva Lootz; desde las lenguas de tierra o los paños quemados, hasta la utilización de hielo seco o la fuerza de la gravedad que deja caer la arena de sílice por el suelo. Ese sonido, que requiere el silencio de la sala para ser apreciado, bien define la actitud de la creadora: un silbido constante y anónimo. Eva Lootz dice lo que va a hacer, lo hace y luego dice lo que hizo; la relación discursiva entre las partes es circular y carece de grietas. De su primera aversión hacia la narrativa pictórica y escultórica, a la transformación de un archivo digital, su incisión y posterior pulido del mármol, toda una vida.(ABC Cultural)

Un banco llamado muro. Maider López




            Busquemos el lugar donde las intenciones aciertan o fracasan. A ver si encaja lo que Maider López (San Sebastián, 1975) dice poner en juego y lo que ocurre al visitar la exposición.
            En el 2008 presenta “Sala 1”, una instalación en la que reproduce la planta del Koldo Mitxelena en una sala del propio centro de arte, alegando que es: “Un espacio que se repite hacia dentro. Una arquitectura dentro de sí misma”. Tan vacías las palabras como la obra, Maider López desatina de nuevo con esta exposición producida por el Koldo Mitxelena y que ahora se encuentra en el MARCO. Desplazamiento es la intervención que da titulo a la muestra y el argumento bajo el que Maider López reúne trabajos de los últimos diez años. Fotografías del 2005 como Playa (gente utilizando una toalla roja en una playa) o Ataskoa (coches reunidos en un camino de improbable colapso), funcionan como ejercicios plásticos de fin de curso que apoyan ese desplazar improbable de pensamiento, reflexión y novedad social.
            Fragmento extraído de la información sobre la pieza: “Desplazamiento es una intervención específica en la planta baja del MARCO que genera un duplicado de medio metro de altura de las paredes del museo que, al ser desplazadas, nos permiten repensar el lugar, ofreciendo perspectivas, itinerarios y circulaciones no habituales”. Pretender que por elevar un tabique de pladur de 50 cm. de altura se esté desplazando 217 cm frontalmente y 415 lateralmente la planta del museo supone, de nuevo -en cuanto a la fundación de la obra de arte se refiere-, confundir el mapa con el territorio, el color con la luz, la velocidad con el tocino, o como prefieran llamarle a esta desubicación anodina de términos imprecisos. La instalación Desplazamiento no es un duplicado de los muros de una sala; a lo sumo, un banco corrido en el que nadie se puede sentar ¿En qué momento la obra nos invita a repensar, qué nueva perspectiva nos ofrece y qué circulación no habitual es tan interesante? ¿Qué aporta en comparación, por ejemplo, con aquella pieza de Karmelo Bermejo “Mástil de bandera girado 180º y clavado en el suelo” que atravesaba el MARCO en el año 2011?
            En la síntesis del proyecto expositivo que ahora presenta está escrito: “Desplazar es mover o sacar a alguien o algo del lugar en el que está, una definición que nos da las claves necesarias para enfrentarnos a estos trabajos. No sólo porque Maider López utiliza el desplazamiento como recurso para crear situaciones de extrañamiento, sino por su voluntad de generar un nuevo lugar mental en el que confrontar nuestras ideas preestablecidas”. Sólo con cortar y pegar aquí las inconsistencias conceptuales del proyecto,  la crítica hablaría por sí sola. Un lugar mental: ni más ni menos.
            Dudo que las personas y los espacios con los que Maider López colorea un contexto público puedan generar lugares mentales. Reconozcamos que algo no encaja; si sus palabras ilustran su intención, el resultado no ilustra sus palabras. (ABC Cultural)

viernes, 16 de octubre de 2015

El señor de las moscas. Juan Genovés




Multitudes
Juan Genovés
Museo de Arte Contemporáneo Gas Natural Fenosa MAC
Av. Arteixo, 171, La Coruña
Hasta el 10 de Enero de 2016
www.mac.gasnaturalfenosa.es


    Hay obras de arte que se reconocen a leguas sin necesidad de leer la cartela con el nombre de su autor. Se debe a una persecución constante de los mismos intereses a lo largo de la trayectoria del artista. Llámese repetición o énfasis (cuestión de óptica) ha resultado una característica fundamental para distinguir el talento a lo largo de la historia del arte.

    Juan Genovés no escogió ninguno de los caminos marcados por la escuela de Bellas Artes de Valencia, ni por la época; ni Sorolla ni el informalismo de El Paso serían una tendencia para este pintor, más influenciado por el arte pop, el cine, los recuerdos de la guerra que vivió de niño o el compromiso social y político que ha marcado su trabajo hasta la posmodernidad.

    Multitudes abarca la trayectoria de Juan Genovés desde 1960 hasta la actualidad. Las obras en exposición provienen de su colección personal, que contiene más de setenta obras y miles de motas de acrílico sombreadas con carbón que sobresalen ligeramente de los lienzos. Conocido como “El pintor de las multitudes”, “El pintor de los individuos”, “El pintor de la transición a la democracia”, “El pintor español representado por Marlborough NY desde hace cincuenta años” y otros tantos méritos, Juan Genovés tiene un sello de identidad: la configuración de su estilo al paso y ritmo de los conflictos políticos, sociales y económicos de la guerra, la posguerra y la transición a la democracia española: de los años sesenta datan las pinturas elaboradas con plantillas, retratando la violencia en las calles y la injusticia del régimen franquista; los personajes anónimos de sus pinturas de gama cromática reducida aparecen en los setenta; los ochenta traerán paisajes urbanos desérticos como resonancia del 23 de Febrero de 1981. A partir de entonces la obra de Genovés se sostiene a base de figurativas mini-explosiones de color desde las últimas décadas del s.XX hasta hoy en día, variando apenas el escenario.

    Las masas de individuos son una constante en sus imágenes, de ahí la reconocible presencia de Juan Genovés dondequiera que se encuentren sus lienzos. Los motivos personales que le mueven a representar personas anónimas -corriendo, esperando, arremolinándose en algún lugar del cuadro- no han cambiado. Para él la pintura es una forma de inconformismo hacia la sociedad del bienestar, una crítica hacia el ser humano o cualquier interpretación derivada del juicio del espectador.

    Repetición o énfasis, cada mosca polícroma simboliza a un individuo con particularidades plásticas que le diferencian de la masa. En el trabajo de Juan Genovés desde la consumada transición a la democracia, las figuras de acrílico pueden parecer refugiados políticos en busca de asilo o aficionados al futbol que se disponen a entrar al partido del domingo. Cambia el decorado, cambia el campo, cambia la bufanda de los jugadores y también el título. Inconfundible Genovés. Llámese énfasis o repetición. (ABC Cultural)

martes, 11 de agosto de 2015

Paisajes de libro




Estepas
Juan Uslé y Enrique Juncosa
Lab_In Gallery
Luis Taboada 27 Vigo
Hasta el 28 de Septiembre
http://labinartemultiple.com/

Lab_In Gallery, el centro de edición de arte digital que nace en Galicia a finales de 2014, cierra la temporada de exposiciones con “Estepas”, un diálogo entre la obra del pintor Juan Uslé (Santander, 1954) y los poemas del comisario y crítico de arte Enrique Juncosa (Palma de Mallorca, 1951).

El resultado es algo más que un simple libro de artista, que habitualmente consiste en una serie limitada de publicaciones únicas, compuestas de imágenes acompañadas o no de texto. En este caso, obra gráfica y poesía se dan cita en un trabajo múltiple: seis estampas digitales y seis poemas producidos en Lab_In, productora especializada que aplica la tecnología de impresión digital de alta calidad a unas imágenes que antaño no podían ser reproducidas de manera idéntica. Las acuarelas de Uslé han sido digitalizadas para formar parte de una serie limitada a 30 ejemplares. Para ello, en Lab_In utilizan técnicas digitales certificadas; la compra implica tres certificados: uno que acredita la longevidad de las obras, otro que garantiza la autoría y el carácter original de las reproducciones y por último, un acta notarial conforme el archivo digital del que provienen las copias es destruido.

Del poemario que Juncosa escribió en 2014 en la Patagonia argentina, su amigo cántabro escogió algunos fragmentos para acompañar las acuarelas. Juan Uslé (artista invitado en la próxima edición de la Feria de Arte Contemporáneo Estampa, que se celebrará en Madrid del 24 al 17 de Septiembre), descansa por un momento del gran formato, la pincelada gestual y la pintura vinílica, para retomar la plasticidad de la acuarela ilustrando de manera sugerente la poesía visual de Enrique Juncosa: “Una aldea de adobe./ Cubos ocres/ y perros/ de ladridos escuálidos,/ mentidos por el eco”. Los poemas pertenecen a “La destrucción del invierno” (ed. Renacimiento 2013). Los versos documentan paisajes asociados a las imágenes del pintor galardonado en 2002 con el Premio Nacional de Artes Plásticas, quien ahora sintetiza en papeles de unos treinta centímetros de alto los enormes lienzos que habitualmente funcionan de soporte para sus imágenes.

Desde que en 1987 Uslé se traslada a Nueva York, su pintura comienza a inclinarse hacia una meditación poética; poética por haber aligerado las formas utilizando silencios plásticos, repeticiones y una gestualidad influenciada principalmente por la abstracción de posguerra americana. En sus trabajos es posible identificar las referencias a artistas como Pollock, Mondrian o Jonathan Lasker. “Yo perdí la memoria y las imágenes en NY”, declara Juan Uslé. Allí redescubre la luz en la pintura y el fenómeno que desde hace años le persigue como creador, la amnesia, término con el que se refiere al acto de olvidar para crear. Tal vez este sea el motivo por el cual las acuarelas evocan formas elementales, manchas y gestos primarios que a la vez señalan la experiencia de toda una carrera como pintor gestual. “Estepas” es un Juan Uslé en “edición de bolsillo”. (ABC Cultural)

martes, 14 de julio de 2015

Para saber: o ver o leer



20 formas de cambiar el mundo.
Museo Fundación Eugenio Granell
Praza do Toural s/n. Santiago de Compostela
Comisario Eduardo Valiña
Hasta el 15 de Enero de 2016

Retrato de reojo. Luis Seoane.
MARCO, c/ Príncipe 54, Vigo
Comisario David Barro
Hasta el 27 de Septiembre


            Este verano en Galicia toca recordar a dos artistas gallegos que desde el exilio procuraron una personalidad única dentro del panorama de las vanguardias internacionales. Son Luis Seoane (1910-1979) y Eugenio Granell (1912-2001), grandes desconocidos fuera de Galicia y admirados en su día entre los círculos artísticos de la época por su infatigable personalidad creadora.
            Seoane permaneció diecisiete años en Buenos Aires. Granell cuarenta y seis en cuatro países: se vio obligado a huir en múltiples ocasiones, primero de los campos de concentración alemanes en Francia, luego de la dictadura en la República Dominicana y después de la guatemalteca hasta asentarse finalmente en la capital de los talentos europeos durante el s. XX, Nueva York.
Abandonó España con un violín y volvió de la gran manzana transformado en pintor surrealista, apreciado entre otros por Breton y Duchamp. La idea de metamorfosis permanece como hilo conductor a lo largo de toda su obra, sobre todo en sus máquinas indefinidas bajo una fantasía aplastantemente diáfana. Los viajes y experiencias acumuladas se reflejan en su trabajo: el cubismo, la abstracción, la influencia del arte pop… hasta el regreso a una figuración inspirada por la América fantástica y macerada en el centro de la transformación continua: la pauta onírica. Su emigración puebla las pinturas que fusionan la imaginación de la infancia con el rechazo hacia las estructuras políticas asfixiantes. Granell denuncia la libertad de las formas dentro del formato.
En el museo que lleva su nombre y con motivo del XX aniversario de su nacimiento, la exposición “20 formas de cambiar el mundo” muestra obras clave del artista y de su mujer Amparo Segarra, actriz vinculada al mundo de la moda.

A su vez, en el MARCO de Vigo descubrimos la exposición documental de Luis Seoane: “Retrato de reojo” donde se aprecian las facetas más personales del artista. Cronista, locutor, poeta, narrador, escenógrafo, pintor e incansable animador de la vida social y cultural allí donde se encontrase, Luis Seoane fue el Walter Gropius de las artes plásticas gallegas. No entendía de disciplinas aisladas y menos aún representaba a la élite de la cultura: toda su obra plástica gira alrededor de la creencia procedente de la Edad Media según la cual, la pintura es la literatura de los iletrados. El diseño, la escritura y la pintura eran para él los mayores recursos comunicativos y educacionales para levantar a un país del hastío contextual: pobreza, guerra, incultura, hambre. En Buenos Aires conoció a Borges, Cortázar, Ernesto Sábato; también allí comenzó a pintar, a recordar y a mezclar las dos tierras. Se alejó entonces del costumbrismo hacia la síntesis de la figura humana estática, protagonizada por campesinas y pescadores. Viajó durante toda su vida y se dejó influir a ciegas en todo momento. Medieval y vanguardista, románico y abstracto, la nostalgia de Galicia y la sed de conocimiento fueron una fuente de energía inagotable.
Ambas trayectorias vitales y artísticas nos recuerdan una fórmula que apenas ha cambiado: “Para saber: o ver o leer”. (ABC Cultural)

Datos personales